Mi tesoro
Parte II: El evangelio visto a través de: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Blade Runner).

Después de discutir con su esposa, Rick Deckard subió a la azotea del edificio en el que vivían. En ese lugar, Rick tenía la que para él era su posesión más preciada, una oveja mecánica.
En el mundo en el que Rick vivía, tener un animal era una señal de estatus. La guerra había erradicado la vida en el planeta, por lo que cuidar a los animales por un tiempo se había convertido en una ley, que tiempo después pasó a ser una señal de humanidad.
Era una señal de empatía que diferenciaba a los mejores humanos de los peores (aquellos que no cuidaban a los animales).
¡Claro! Hay algo en esta historia que no encaja, ¿verdad?
La oveja de Rick no era un animal real, era una réplica mecánica.
El detalle es que nadie sabía eso.
En ese mundo, la fabricación tanto de réplicas mecánicas humanas como animales era una tecnología que se había desarrollado grandemente. Así que aquellos humanos que no tenían el suficiente dinero para adquirir un animal real podían optar por adquirir una réplica.
Ese era el caso de Rick. Y era algo que a él le causaba conflicto.
Esa mañana, en la azotea, Rick se encontró con su vecino, Bill Barbour. Este hombre tenía la gran dicha de ser dueño de una hermosa yegua, que además estaba preñada.
Cuando Bill le comentó a Rick esta situación, él sintió mucha envidia. El libro dice:
“[Rick] deseó en ese momento tener un caballo. Cualquier animal, de hecho. La propiedad y el mantenimiento de un fraude desmoralizaban a cualquiera poco a poco.”
Después de un intercambio de argumentos e intentos desesperados de Rick por comprar la cría de la yegua cuando naciera, él le confesó a su vecino que su oveja no era real. En algún momento lo fue, pero por un descuido suyo, la oveja había muerto y tuvo que sustituirla con una réplica mecánica.
Bill no pudo hacer otra cosa más que compadecerse por él.
Así que, en su desesperación Rick dijo estas palabras:
Rick: “—Dios mío —dijo Rick, mostrando, vencido, las palmas de las manos. —Quiero tener un animal…”
Y aquí me voy a detener por el día de hoy.
Porque aquí es donde el libro se vuelve real para nosotros una vez más.
En el fondo, el problema de Rick no era que su oveja fuera mecánica. El problema real era lo que la oveja representaba para él.
En ese mundo los animales no representaban solamente vida. Simbolizaban estatus, identidad, una forma de demostrar tu valor ante los demás. Tener un animal era una señal de humanidad, cordura, estabilidad.
Y aunque Rick tenía algo que en apariencia cumplía con todo eso, en el fondo él sabía que no era real. Sabía que, aquello en lo que estaba basando su identidad y su valor ante los demás no tenía vida. No era real.
Y eso lo incomodaba.
Lo incomodaba lo suficiente como para desear más. Lo suficiente como para sentir envidia. Lo suficiente como para sentirse incompleto, disconforme con su vida. Incluso, lo incomodaba lo suficiente como para hacer lo que tuviera que hacer para cambiarlo.
Y no sé si tú también lo ves, pero esa sensación, realmente no suena tan lejana para nosotros.
Obviamente, en el mundo en el que vivimos no basamos nuestra identidad en nuestra relación con los animales, aunque, curiosamente, muchas de las mayores idolatrías a lo largo de la historia han incluido animales como sus deidades. Tampoco hemos llegado a un punto en el que nuestra empatía hacia ellos defina nuestro valor como seres humanos.
Sin embargo, sí buscamos otras cosas que, en esencia, cumplen el mismo rol.
Cosas que nos hacen sentir valiosos, que nos hacen sentir que encajamos, que somos aceptados o que estamos completos.
Cosas que quizá no están basadas en la satisfacción propia, sino que están basadas en la imagen que proyectamos hacia los demás.
El problema es que al igual que en el caso de la oveja mecánica, muchas de esas cosas, aunque se vean bien por fuera, no tienen vida.
Y ahí radica el verdadero problema.
Cuando nuestro valor se fundamenta en cosas que no tienen vida, eso tarde o temprano se nota en nuestro corazón.
Jesús lo dijo de esta forma:
“Donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón.” (Mateo 6:21 NTV)
Jesús dejó en claro que tener los tesoros equivocados lleva a que nuestro corazón esté en el lugar equivocado.
Lo que más atesoramos nos controla, lo admitamos o no.
Y esa es la pregunta que esta escena de Blade Runner nos recuerda:
¿En dónde está nuestro tesoro?
¿Qué nos da identidad? ¿Qué nos hace valiosos?
Porque podemos tener muchas posesiones, vernos bien físicamente, tener influencia, incluso podemos convencernos a nosotros mismos y a los demás de que todo está bien en nuestras vidas; pero si nuestro tesoro está en algo que no nos da vida, nunca va a ser suficiente.
Siempre vamos a querer más. Siempre vamos a sentir que algo nos hace falta.
Richard Foster escribió:
“Debemos entender que el ansia de riqueza de la sociedad contemporánea es psicótica. Es psicótica porque ha perdido completamente el contacto con la realidad. Ansiamos cosas que no necesitamos ni disfrutamos. ‘Compramos cosas que no queremos para impresionar a gente que no nos gusta.’ ... Es hora de despertar al hecho de que la conformidad con una sociedad enferma es estar enfermo.” 1
Y aunque él hablaba específicamente del uso del dinero, creo que esta idea se puede aplicar a muchas otras áreas de nuestra vida.
Muchas veces buscamos valor, identidad y pertenencia en cosas que parecen correctas o deseables, simplemente porque todos a nuestro alrededor las persiguen.
Por ejemplo, nos hacemos “amigos” de personas que realmente no nos gustan, porque tenemos una necesidad de pertenencia y aceptación que de alguna forma tenemos que llenar. Estudiamos carreras que no nos apasionan porque tenemos que encajar de alguna forma y “ser útiles” para la sociedad, etc.
Y entonces ponemos nuestro tesoro en esas cosas, porque parece ser lo correcto. Lo normal.
Pero cuando no nos cuestionamos en dónde ponemos nuestro tesoro, tendemos naturalmente a ponerlo en lugares que no son muy saludables para nuestro corazón.
Y justamente eso fue lo que Jesús quiso enseñarnos cuando habló sobre los tesoros. Él quería dejarnos claro que nuestro corazón, naturalmente, va a seguir siempre aquello que nos parece más valioso.
Si nuestro tesoro está puesto sobre los que otros piensan de nosotros, nuestro corazón vivirá esclavizado a sus opiniones. Si nuestro tesoro está puesto en las posesiones, nuestro corazón sufrirá la ansiedad de siempre querer más. Si nuestro tesoro está puesto en qué tan perfecta parece nuestra vida, entonces siempre viviremos con miedo en nuestros corazones de que se sepa que no es así.
Y podría seguir con una lista mucho más larga… poder, placer, belleza física, etc.
Pero el punto es que todas esas cosas son pasajeras. Cambian. Se desgastan.
De hecho, en el libro, mientras Rick hablaba con Bill, mencionó que cada cierto tiempo tenían que llegar a darle mantenimiento a su oveja mecánica, porque en cualquier momento podía sufrir una falla y todos en el edificio sabrían que él era un farsante.
Pero Jesús, justo antes de decir que en donde estuviera nuestro tesoro estaría nuestro corazón, dijo:
“No almacenes tesoros aquí en la tierra, donde las polillas se los comen y el óxido los destruye, y donde los ladrones entran y roban. Almacena tus tesoros en el cielo, donde las polillas y el óxido no pueden destruir, y los ladrones no entran a robar.” (Mateo 6:19-20 NTV)
Jesús no estaba diciendo que las cosas terrenales no tengan valor. Él estaba diciendo que no fueron diseñadas para ocupar el primer lugar en nuestro corazón.
Porque nuestro corazón no fue diseñado para las cosas de este mundo.
Eclesiastés 3:11 dice:
“Sin embargo, Dios lo hizo todo hermoso para el momento apropiado. Él sembró la eternidad en el corazón humano, pero aun así el ser humano no puede comprender todo el alcance de lo que Dios ha hecho desde el principio hasta el fin.” (Eclesiastés 3:11 NTV)
En este versículo la Palabra de Dios nos explica por qué nada de este mundo termina de satisfacernos. Porque fuimos creados con eternidad en el corazón.
Es por eso que ninguna posesión, logro, ni ningún tipo de aprobación humana puede llenar nuestra necesidad más profunda, porque son cosas pasajeras.
Y la verdad es que mientras sigamos en este mundo, será algo con lo que seguiremos luchando hasta el último día. Porque como decía en Eclesiastés: nuestro deseo de eternidad es algo que no podemos comprender.
Pero Jesús nos dio la clave para enfrentarnos a esto. En Mateo 6:33 Jesús dijo:
“Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten.” (Mateo 6:33 NTV)
Esta es la clave. Buscar el Reino de Dios por encima de todo lo demás.
Cuando el Reino de Dios se convierte en nuestro mayor tesoro, entonces nuestro corazón encuentra el lugar para el que fue creado.
Y entonces, es allí en donde todo lo demás ocupará el lugar que realmente le corresponde.
Aquí puedes leer la Parte I de esta serie sobre el evangelio visto a través de: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Blade Runner).
Sin vida
Rick Deckard despierta una mañana al lado de su esposa Iran. Ellos vivían en un edificio de apartamentos casi vacío.
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https://www.faithward.org/es/donde-este-tu-tesoro-alli-estara-tambien-tu-corazon-donde-este-el-tuyo/



