Un Dios simple
¿Por qué intentamos simplificar el universo para entenderlo mejor, pero complicamos a Dios con la misma intención?

Si te detienes por un segundo a contemplar un árbol, un paisaje, los animales, tu propio cuerpo o el cielo durante una noche estrellada, quizá podrías maravillarte por la enorme complejidad y las diferencias radicales que existen entre toda la creación de Dios.
La Biblia dice:
“¡Oh Señor, cuán numerosas son tus obras! Todas ellas las hiciste con sabiduría. Rebosa la tierra con todas tus criaturas. Allí está el mar, ancho y vasto, que abunda en animales, grandes y pequeños, cuyo número es imposible conocer.” (Salmo 104:24-25 NVI)
Muchos artistas tienen elementos fundamentales que se repiten en sus obras, que son como una especie de sello que las hace reconocibles y que permite identificar a su creador a través de ellas. Por ejemplo, muchas de las pinturas de Pablo Picasso pueden reconocerse por los estilos o colores que caracterizaron las distintas etapas de su vida artística. Esos elementos fundamentales que se encuentran repetidos terminan dándole identidad a la obra.
Entonces, yo me pregunto:
¿Cuál es el sello de Dios?
¿Qué es eso que podemos encontrar en común en toda su inmensa creación?
¿Qué tiene en común un árbol con una estrella? ¿Un volcán con una hormiga? O incluso, ¿una gota de agua con una galaxia?
Para intentar responder esto, debemos observar la creación un poco más de cerca.
Toda la creación está formada por materia. Toda la materia está formada por moléculas químicas. Y todas las moléculas químicas están compuestas a partir de diferentes combinaciones de los 92 elementos químicos1 existentes en la naturaleza.
¡Es increíble! Incluso se han estudiado por medio de espectroscopía2 estrellas, nebulosas, galaxias, supernovas y otras masas cósmicas, y se ha observado que estas están formadas de los mismos elementos químicos que conocemos y tenemos en nuestra tabla periódica.
Ahora, a esos 92 elementos químicos naturales, se les deben añadir otros 26 que han sido sintetizados en el laboratorio.
Lo interesante es que, si vamos aún más profundo en el análisis de la composición de los 118 elementos químicos existentes, podemos descubrir que todos y cada uno de ellos se componen de diferentes configuraciones de los mismos tres componentes fundamentales: protones, neutrones y electrones.3
¡Es fascinante!
Toda la complejidad de la creación tan diversa hecha por Dios se reduce a solo tres componentes fundamentales.
Y si lo piensas, es un poco como lo que quería insinuar antes sobre los sellos que utilizan los artistas en sus obras. Estas partículas fundamentales funcionarían como el sello de Dios en su creación.
Pero, ¿por qué menciono esto?
En mi ensayo anterior, en el que exploré el tema de Dios y los lenguajes del amor, escribí esta frase:
“Creo que deberíamos dejar de querer complicar tanto a Dios. Hay cosas que nunca entenderemos, pero deberíamos disfrutar las que Él sí decide revelarnos.”
Esta frase nació mientras leía un libro llamado A Fortunate Universe (Un Universo Afortunado) de Lewis & Barnes. En este libro, los autores exploran las sorprendentes “coincidencias” y las condiciones extraordinariamente precisas que permiten la existencia de vida en el universo.
Mientras leía sobre estas cosas, no podía dejar de pensar en cómo la humanidad, en su intento de entender el por qué de nuestra propia existencia y del universo, ha hilado tan fino que ha logrado estudiar la materia hasta niveles que parecerían imposibles de alcanzar.
Me sorprendió cómo mientras más profundizamos en la composición de la materia, más parece que descubrimos cómo toda la complejidad del universo, cuando la descomponemos hasta su nivel más elemental, muestra una homogeneidad fundamental que termina creando unidad e identidad, mostrándonos que todo está hecho de lo mismo. Es el sello de Dios en su creación, como decidí llamarlo yo.
Ahora, mi intención con este ensayo no es hacer una exposición apologética sobre la existencia de Dios, ni nada de ese estilo. Sino que, lo que me llama la atención cuando pienso sobre estos temas es lo siguiente:
¿Por qué, cuando queremos entender mejor el universo, tendemos a buscar simplificarlo hasta conceptos más manejables para nosotros, pero, contradictoriamente, cuando queremos entender o explicar mejor la naturaleza de Dios tendemos a complicarlo cada vez más?
Entiendo por qué se hace, pero siento que a veces cuando hablamos de Dios utilizamos palabras tan complicadas para referirnos a Él, términos como omnisciencia, omnipotencia, soberanía, predestinación, eternidad, Trinidad, providencia, etc. Y sí, todas esas son verdades sobre Dios y son infinitamente importantes.
Pero ¿cómo compartes el Evangelio con alguien que no entiende esos términos?
¿Cómo le explicas a un niño lo que significa que algo sea eterno? ¿Cómo le explicas a un nuevo creyente que es la Trinidad? ¿Cómo le explicas a una persona analfabeta qué es la omnisciencia? ¿Cómo animas a alguien herido hablándole sobre la soberanía de Dios?
Es difícil compartir la belleza de Dios con otros cuando lo categorizamos en palabras o atributos que, aunque son reales, son muy complicados de explicar.
Sin embargo, millones de personas han llegado a conocer a Dios sin entender ninguna de esas palabras.
La Biblia dice:
“…Dios es amor.” (1 Juan 4:8 NVI)
También dice:
“… Dios es fuego consumidor.” (Hebreos 12:29 NVI)
Estoy casi seguro de que cada persona en el planeta, sin importar qué tan joven o qué tan mayor, sin importar el idioma que hable o su grado académico, o de qué lugar tan remoto sea, entiende lo que el fuego y el amor son. Y estoy convencido de que cada uno de nosotros, de una forma u otra también podemos explicarlo sin mucho esfuerzo.
No estoy insinuando que Dios sea simple de comprender. No lo es. De hecho, su naturaleza es infinitamente más profunda que nuestra capacidad para comprenderla.
Pero muchas veces la esencia de lo que Dios realmente quiere mostrarnos sobre sí mismo es más sencilla de lo que imaginamos.
Jesús, la persona que mejor ha conocido a Dios, el hombre que mejor entendía la grandeza y la profundidad del Padre, nunca permitió que esas verdades profundas eclipsaran lo más importante. Mientras los fariseos y los saduceos discutían sobre conceptos complejos e interpretaciones de la ley, él simplemente se detenía a amar a las personas.
Y cuando le hicieron preguntas complejas, como: ¿Cuáles son los mandamientos más importantes?, él no dio una gran explicación teológica. Jesús solo respondió:
“Ama a Dios y ama a tu prójimo.”
Yo mismo he estado en conversaciones en las que hemos ido tan profundo en temas teológicos que al final prefiero simplemente detenerme y decir:
“Muchas gracias, pero yo solo estoy intentando amar a Dios y seguir a Jesús.”
Aunque amo hablar sobre esos temas, la verdad es que a veces podemos intentar explicar doctrinas súper complejas y, al mismo tiempo, olvidar cosas tan sencillas como amar y perdonar.
Y Jesús resumió toda la ley en eso.
Jesús resumió toda la ley y los profetas en amar a Dios y amar al prójimo.
Si se me permite utilizar de nuevo mi metáfora sobre el sello, esta vez desde un punto de vista más espiritual: el amor es el sello de Dios en nuestros corazones. Es lo que le da identidad a nuestra relación con Él. Es lo que hace a nuestro creador reconocible a través de nosotros.
Y es, al igual que las partículas fundamentales de la materia, hacia donde deberíamos ir cuando intentamos comprender mejor a Dios.
Es lo que encontramos una y otra vez repetido en su Palabra. Y sí, todo lo demás también es importante, pero detrás de toda la profundidad de Dios, detrás de todos los misterios que jamás terminaremos de comprender, Él constantemente nos conduce de vuelta a lo esencial.
Él nos dirige hacia el amor.
Si disfrutaste esta reflexión, quizá también pueda interesarte este otro ensayo sobre Dios y los lenguajes del amor:
Cómo te amamos
Me encanta la canción Cristo te amamos de Bethel music. Aunque no es una canción nueva, últimamente la he estado escuchando mucho. Principalmente me gusta la letra del coro, que dice:
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Actualmente se han confirmado 118 elementos químicos en la tabla periódica. De ellos, 92 se encuentran de forma natural en la Tierra. Los 26 restantes son elementos sintéticos producidos artificialmente en laboratorios.
La espectroscopía es una técnica científica que estudia cómo la materia interactúa con la luz. Al analizar la luz que un objeto emite, absorbe o refleja, los científicos pueden identificar los elementos químicos que lo componen.
La ciencia ha llegado tan lejos que, mediante aceleradores de partículas, ha logrado estudiar la estructura interna de los protones y neutrones. Quienes deseen profundizar en este tema pueden investigar sobre el Modelo Estándar de la física de partículas.





El sencillez de Dios es su profundidad, una de las muchas paradojas del reino ✨ Gracias Héctor—me encantan tus ensayos bilingües.