
Últimamente he estado dedicando mucho de mi tiempo creativo a hacerme preguntas sobre aspectos metafísicos del ser humano. Una de esas preguntas es:
¿Por qué somos como somos?
¿Por qué algunas personas son introvertidas y otras extrovertidas? ¿Por qué algunos son más valientes o aventureros y otros parecen ser más precavidos? ¿Por qué reaccionamos de formas tan distintas ante circunstancias similares?
Por ejemplo, pensaba en mí y mis hermanos, y cómo, aunque fuimos criados juntos, en el mismo hogar, bajo el mismo sistema de valores, somos tan distintos.
Así que, comencé a investigar y leer al respecto.
A lo largo de la historia, la humanidad ha intentado comprender los aspectos metafísicos del ser humano de muchas maneras distintas.
Hemos utilizado la filosofía, religión, psicología, antropología, y astrología; con la intención de dar respuesta a preguntas que la ciencia por sí sola no ha podido responder completamente. Preguntas que no se pueden responder solo entendiendo la química y biología del ser humano.
Incluso autores como Lewis y Barnes reconocen este límite en su libro A Fortunate Universe (Un Universo Afortunado) en el que escribieron lo siguiente al respecto:
“¿Qué hace a un ser humano? Esta pregunta ha ocupado a la humanidad durante milenios. Aunque ‘qué es lo que hace a un ser humano,’ en términos de conciencia, sigue siendo un misterio.” [trad. propia]
Estudiamos el universo. Estudiamos la materia hasta escalas infinitamente diminutas. Incluso hemos llegado al punto de crear modelos computacionales inspirados en el cerebro humano, capaces de imitar, hasta cierto punto, algunas de sus funciones más complejas. Sin embargo, seguimos sin entender completamente algunos de los aspectos más fundamentales de nuestra propia naturaleza.
No es mi intención abordar el tema de la conciencia en este ensayo. Sin embargo, nuestra incapacidad para comprender este aspecto fundamental de nosotros mismos me lleva a pensar que no debería sorprendernos que existan muchas otras preguntas para las que tampoco tenemos respuesta.
Preguntas como:
¿Por qué soy así?
¿Por qué soy más o menos creativo? ¿Por qué soy más o menos emocional? ¿Por qué soy alguien organizado o desordenado?, etc.
Son preguntas casuales para las que muchos no tenemos respuestas. Yo mismo soy obsesivo con el orden e introvertido y nunca me he cuestionado ni siquiera por qué.
Así que, el día de hoy compartiré lo que he aprendido y lo que creo al respecto, con la esperanza de que Dios nos ayude a conocernos mejor a nosotros y a Él también en el proceso.
El otro día, mientras escuchaba un podcast, una de las participantes comenzó a preguntarle a los demás sobre cuál era su signo zodiacal. Honestamente, yo soy cristiano desde que tengo uso de razón y nunca había prestado atención a conversaciones sobre ese tipo de temas, hasta ese día.
Después de que escuché un rato el podcast y lo que esta chica decía a los demás cuando respondían a su pregunta, comencé a investigar en internet cómo funciona la astrología. Porque quería entender cómo esa persona era capaz de “asegurar” rasgos de personalidad de los demás basándose únicamente en su signo zodiacal y la hora de su nacimiento.
Y me impresionó darme cuenta de que hay muchas personas en el mundo dispuestas a creer que la posición de los astros en el momento de su nacimiento puede determinar rasgos de su personalidad, carácter y temperamento.
Supongo que tiene que ver con la necesidad humana de encontrarle una explicación a todo. De entender quiénes somos, por qué somos como somos y cuál es nuestro lugar en el universo.
Y esta necesidad no es algo nuevo; simplemente ha evolucionado con nosotros. De hecho, en la antigüedad diversas culturas también buscaron sus propias maneras de responder a estas preguntas.
Hipócrates, quien fuese un médico de la antigua Grecia, en el siglo V a.C., ideó la teoría de los cuatro humores. En esta él propuso que el cuerpo humano estaba compuesto por cuatro sustancias básicas (denominadas “humores”) y que el equilibrio o desequilibrio en las cantidades de estas sustancias en el organismo influía en el comportamiento y la personalidad de las personas.
Esta teoría fue reinterpretada posteriormente por un médico romano llamado Galeno, quien en el siglo II d.C, extendió el tema, afirmando que los desequilibrios en las cantidades de los humores tenían una influencia directa en el modo en que pensamos, sentimos y actuamos. Dicho de otra forma, la proporción de estas sustancias en el organismo era la base del temperamento de las personas.
Esto derivó a que, en el siglo XX, influenciado de alguna forma por estas teorías antiguas, un psicólogo llamado Hans Eysenck desarrollara un modelo psicológico moderno basado en investigación científica. Según su teoría, los individuos difieren en sus rasgos debido a diferencias genéticas, aunque no descartó influencias externas.
Sin embargo, simultáneamente a las investigaciones llevadas a cabo por Eysenck, un pastor y escritor cristiano llamado Tim LaHaye retomó los cuatro temperamentos de la antigua teoría de Hipócrates, pero los reinterpretó desde una cosmovisión cristiana. Para LaHaye, estos temperamentos no son el resultado de sustancias en el organismo, sino que reflejan el diseño intencional de Dios en cada persona.
Mi punto es que, desde la medicina antigua hasta la psicología moderna, pasando por la filosofía, la teología y la astrología, el ser humano ha intentado encontrar una respuesta a la misma pregunta. Y aunque cada uno de estos puntos de vista ha aportado algo, ninguno ha logrado realmente proporcionarnos una respuesta que nos satisfaga a todos.
Ahora, yo me pregunto:
¿Por qué estamos tan obsesionados en encontrar esas respuestas?
Mi opinión es esta, porque entender qué influye en lo que somos nos daría la sensación de que tenemos el control. Que si quisiéramos podríamos corregir aquello que no nos gusta de nosotros mismos y convertirnos en la persona que quisiéramos ser.
Pero incluso si pudiéramos hacerlo:
¿Es eso lo que Dios quiere?
Creo que hay una razón por la que hay cosas que nunca podremos entender y mucho menos cambiar. Porque Dios no quiere cambiarlas. Pero quiere redimirlas.
Génesis 1:31 dice:
“Entonces Dios miró todo lo que había hecho, ¡y vio que era muy bueno! ...” (Génesis 1:31 NTV)
C.S. Lewis en su libro Mero Cristianismo define la maldad como bondad echada a perder. Eso fue lo que pasó con nosotros.
“… Dios creó al ser humano para que sea virtuoso, pero cada uno decidió seguir su propio camino descendente.” (Eclesiastés 7:29 NTV)
Algo que me gusta de la teoría de LaHaye es que en ella no se presentan los temperamentos como un problema que necesitamos resolver, sino que se nos presentan como un diseño divino que deberíamos honrar.
Porque Dios lo hace, Él honra su propio diseño. Dios nos creó para ser virtuosos, en su propia definición de virtud. Lo vemos en las escrituras con la tribu de Leví.
En el libro de Génesis se nos cuenta que, Leví, uno de los 12 patriarcas de Israel, lideró a sus otros hermanos durante el asesinato de todas las personas de la ciudad cananea de Siquén, como venganza por la violación de su hermana Dina por uno de ellos (Génesis 34), debido a esto, cuando Jacob bendice a cada uno de sus hijos, estas son las palabras que utiliza con Leví:
“Simeón y Leví son hermanos; sus espadas son instrumentos de violencia. ¡No quiero participar de sus reuniones ni arriesgar mi honor en sus asambleas, porque en su furor mataron hombres, y por capricho mutilaron toros! ¡Malditas sean la violencia de su enojo y la crueldad de su furor! Los dispersaré en el país de Jacob, los desparramaré en la tierra de Israel.” (Génesis 49:5-7 NTV)
A primera vista, esas palabras no parecen una bendición, ni si siquiera parece que Jacob estuviese diciendo nada bueno sobre su hijo y sus descendientes, pero veamos lo que Dios veía.
En el libro de Éxodo se nos cuenta que, cuando Moisés sube al monte Sinaí a recibir las tablas de la Ley, el pueblo hizo un becerro de oro para adorarle. Cuando Moisés bajó del monte y miró esto, pasó lo siguiente:
“[Moisés] … se puso a la entrada del campamento y dijo: ‘Todo el que esté de parte del Señor, que se pase de mi lado’. Y se le unieron todos los levitas. Entonces les dijo Moisés: ‘El Señor, Dios de Israel, ordena lo siguiente: Cíñase cada uno la espada y recorra todo el campamento de un extremo al otro, y mate a quien se le ponga enfrente, sea hermano, amigo o vecino’.” (Éxodo 32:26-27 NTV)
Lo que vemos aquí es que, Dios tomó algo que parecía maldición y lo restauró en bendición. Pero no lo cambió. La Biblia sigue diciendo:
“Los levitas hicieron lo que les mandó Moisés y aquel día mataron como a tres mil israelitas. Entonces dijo Moisés: ‘Hoy han recibido ustedes plena autoridad de parte del Señor; él los ha bendecido este día…’” (Éxodo 32:28-29 NTV)
Dios tomó esa misma intensidad, ese mismo celo, esa misma pasión que Leví mostró para defender el honor de su hermana y la redirigió, la apuntó a sí mismo, la restauró a virtud y eligió a los descendientes de Leví para que fueran quienes habitaran en donde su presencia estaba.
La humanidad ha intentado por muchos siglos entender quiénes somos. Porque creemos que, si encontramos la respuesta correcta, podremos cambiar y convertirnos en quienes quisiéramos ser. Pero la Palabra de Dios nos enseña que Dios no está esperando que nos convirtamos en alguien más. Lo que Él espera es que le permitamos restaurar aquello que Él mismo diseñó como virtud desde el principio.
Porque el problema nunca ha sido el diseño; el problema es lo que el pecado ha hecho con él.
El mundo nos empuja a reinventarnos, a construir una nueva versión de nosotros mismos, a dejar atrás todo aquello que se podría considerar una debilidad o un defecto.
Pero Dios no necesita que seamos otra persona para glorificarse en nuestras vidas. Él solo necesita que le permitamos redimir aquello que ha sido distorsionado. Porque cuando Él restaura lo que creó, no solo revela quiénes somos realmente; también revela quién es Él.
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Referencias
https://www.verywellmind.com/the-psychology-behind-why-we-care-about-astrology-5217929 [English]
A Fortunate Universe by G.F. Lewis & L.A. Barnes (2016). [English]
https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/que-es-la-conciencia-2/
https://psicologiaymente.com/personalidad/teoria-cuatro-humores-hipocrates
https://psicologiaymente.com/personalidad/teoria-personalidad-eysenck-modelo-pen



